Potosí – enero 29 2026

Adolescentes fortalecen aprendizajes para construir relaciones libres de violencia

Potosí, 21 de enero de 2026. — La mañana del martes en el Centro Recreacional Los Pinos, las risas y conversaciones de decenas de adolescentes llenaron el ambiente. No era un día cualquiera: era el cierre de un proceso formativo que, para muchos, marcó un antes y un después en su forma de comprender la convivencia, la igualdad y el respeto.

Entre ellas y ellos estaban Yessica, de 13 años, y Manuel, de 12, dos protagonistas de una jornada donde la reflexión, el aprendizaje y la esperanza caminaron de la mano. Todos forman parte de los servicios de Contención, Familia Ampliada y Reintegro de Aldeas Infantiles SOS, y llegaron para compartir los frutos de un año dedicado a la prevención de la violencia de género.

“Mis emociones importan”

En el grupo Termómetro de emociones, Yessica descubrió algo que —dice— nunca olvidará. Rodeada de sus compañeras y compañeros, cuestionó los estereotipos que limitan lo que una adolescente “puede” o “debe” sentir.

“Aprendí que mis emociones importan y que puedo decir lo que siento sin miedo”, contó con una sonrisa tímida, pero firme.

Su reto ahora es claro: respetarse, dialogar con seguridad y acompañar a otras chicas para que reconozcan su derecho a vivir sin violencia.

Un cambio dentro del hogar

A pocos pasos de allí, Manuel participaba en Intercambio de roles, un ejercicio que invitó a adolescentes mujeres y varones a mirar su día a día desde otros ojos.

“Me di cuenta de que todos podemos ayudar en la casa y tratarnos con respeto”, dijo Manuel, convencido de asumir una convivencia más justa en su familia.

De regreso a su hogar, promete colaborar más y construir relaciones igualitarias con sus pares.

Habilidades que transforman vidas

Otros grupos profundizaron en temas clave: en Habilidades para la vida, identificaron capacidades desarrolladas más allá del género. El costo de ser mujer abrió un espacio de análisis sobre mandatos sociales que recaen especialmente sobre ellas.

En La mochila de los valores, el ejercicio final, cada adolescente “guardó” lo esencial: respeto, solidaridad, empatía y colaboración, valores que —coincidieron— son la base de vínculos sanos y libres de discriminación.

Dinámicas grupales del taller

Un encuentro que deja huella

Dinámicas participativas, juegos, círculos de diálogo y momentos de escucha mutua marcaron la jornada. Para muchos, fue también la oportunidad de convivir con adolescentes de otros servicios y reconocerse como parte de una comunidad que busca vivir sin violencia.

Al finalizar, Yessica, Manuel y el resto de participantes compartieron un compromiso que resonó con fuerza: poner en práctica lo aprendido en sus familias, escuelas y barrios, sembrando relaciones más justas, equitativas y humanas.

Porque cuando las y los adolescentes se sienten escuchados, acompañados y empoderados, la transformación ya comenzó.