Familia · Cuidado Alternativo

Un nuevo cuaderno en blanco

Beto tiene apenas unos años, pero en sus ojos vive una historia que su mente, por fortuna o piedad, decidió bloquear. Hoy, con el apoyo de su familia en Aldeas Infantiles SOS, empieza a dibujar un futuro diferente.

Beto y sus hermanos - Aldeas Infantiles SOS Bolivia

Beto no recuerda el frío de aquella mañana, ni el silencio sepulcral de la habitación. Sus únicos recuerdos son, en realidad, los ecos del relato de su tía: la imagen de un niño de dos años cruzando el umbral de una puerta, con la ropa empapada en un rojo intenso que no le pertenecía.

Beto no lloraba por el horror, porque a los dos años el horror no tiene nombre. Lloraba por hambre. Minutos antes, en la penumbra del cuarto, el pequeño se había acercado a su madre buscando el consuelo de siempre. Intentó lactar, buscó su calor, pero ella no respondió. En su inocencia, Beto se aferró a lo que quedaba de ella, tiñéndose de la tragedia que acababa de ocurrir.

Al salir al patio buscando alimento, la tragedia se evidenció. Lo que su tía vio fue el inicio de una pesadilla: su madre yacía sin vida en el piso y su padre ya no estaba. Días después, la verdad terminó de derrumbarse: su padre también se había quitado la vida tras cometer el crimen.


El pasado de Beto no está en su cabeza, sino en una caja de recortes de periódicos amarillentos. Esos titulares fríos documentan el día en que su mundo se fragmentó, el día en que él y sus hermanos —quienes se salvaron por estar donde el abuelo— se quedaron sin nada.

Sin embargo, el destino no permitió que el rastro de sangre fuera el final de su camino.

Un nuevo comienzo

Beto y sus hermanos han encontrado un refugio en una familia de Aldeas Infantiles SOS. Un espacio donde el pasado no los define, donde hay rutinas, afecto y presencia constante. Donde alguien pregunta cómo les fue en la escuela y los espera al volver a casa.

El niño no recuerda el terror, y quizá nunca deba hacerlo. Porque ahora, con el apoyo de su familia, su historia ya no se escribe en las páginas de sucesos policiales, sino en los cuadernos escolares donde, poco a poco, empieza a dibujar un futuro diferente.

La historia de Beto nos recuerda por qué existe Aldeas Infantiles SOS Bolivia: porque cada niña y niño, sin importar de dónde viene ni lo que ha vivido, merece una familia y la oportunidad de construir su propio camino.