Artur, un padre resiliente
Inspiradores

Historias de Vida: Cuando ser familia es una decisión del corazón

Era mediodía en Caranavi y el calor era denso, de ese que obliga a buscar sombra, aunque no se esté caminando mucho. En ese entorno, Juan Pablo y su esposa llegaron al centro de acogida de niñas y niños con una mezcla de ansiedad y esperanza. Llevaban en las manos un pequeño peluche de perrito. Sabían que ese día podía marcar el inicio de una nueva etapa en sus vidas.

Encuentro en el centro de acogida

Cuando ingresaron al centro, los recibió un ambiente sencillo y bien mantenido. Vieron a varias niñas y niños jugando, otros simplemente sentados, observando en silencio. Las miradas de muchos se posaron en ellos. Uno de los niños comentó en voz baja: “son los tíos de Tania, ella ya se va”. Fue entonces cuando la conocieron. Tania con ocho años de edad los miró con cautela. No fue fácil romper el hielo, pero cuando recibió el peluche, sonrió. Esa sonrisa fue el primer paso. Empezaron a conversar, a jugar un poco, a conocerse. Era apenas el inicio.

La historia de Juan Pablo y su esposa como familia sustituta no empezó ahí. Llevaban años intentando ampliar su familia. Buscaron ayuda médica, consideraron la adopción, asistieron a seminarios. Uno de ellos, llamado “Embarazo del corazón”, fue importante. A partir de ahí conocieron el programa de familias sustitutas del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges) de La Paz y decidieron seguir ese camino.

“Pasamos por todo el proceso, entrevistas, cursos, trámites. junto a otras familias nos certificaron como familia sustituta, después de cuatro meses de capacitación”, recuerda Juan Pablo.
Familia sustituta compartiendo

Aprendieron sobre los derechos de las niñas y niños, el marco legal y los posibles desafíos. Tenían claro que la familia sustituta no es adopción, que en cualquier momento una niña o niño podía regresar con su familia biológica o pasar a otra modalidad de cuidado. Aun así, asumieron el compromiso de proteger a una niña con afecto.

Cuando Tania llegó a casa, todo cambió. Lo cotidiano se transformó: el primer día de clases, el primer diente que se cayó, las vacunas. “Nada te prepara”, dice Juan Pablo, “… pero cada día nos adaptamos los tres”, complementa su esposa sujetando las manos de Juan Pablo y de la niña.

“El tiempo que esté con nosotros, será nuestra hija”, dice la pareja, consciente del derecho de Tania a crecer en una familia protectora.
Momentos familiares con Tania