Cuando ser familia es una decisión del corazón
Inspiradores

No hay lugar para la inocencia

 

A sus 15 años con una discapacidad y una orden judicial de atención médica especial permanente, Grisel no entendía lo que sucedía en las puertas de aquel edificio de gobierno. Un sindicato de 30 cocineros, enfermeras, psicólogos y gente administrativa protestaba para que Grisel no ingrese, algunos decían que su caso estaba lleno de complicaciones y atenderla sería un gran problema, otros que la clínica estaba repleta, otros que la adolescente tenía problemas de conducta; golpeaban ollas y gritaban fuerte “¡No queremos tenerla!”, parecía el rodaje de una película de ficción donde el mundo se enfurece contra una inocente. La Defensoría del Pueblo indicaba que el bienestar de Grisel debía ser la prioridad, que debía cumplirse con la orden judicial, pero no había capacidad de escucha.

En Bolivia hay más de 17.000 niñas, niños y adolescentes con discapacidad y no existen datos públicos de cuántos de ellos habrían atravesado abandono infantil, la realidad es que la suma de ambos factores es tremendamente lacerante, y el sistema tiene debilidades para solucionarlo.

Lo peor es que aquella no era la primera vez que Grisel estuvo expuesta a la incertidumbre. En su niñez ya había sobrevivido a la violencia y al abandono infantil, a las carencias de la pobreza y al tráfico de personas. Su condición de salud y tantas adversidades la habían llevado a vivir una serie de múltiples maltratos, por eso el Juzgado de Niñez y Adolescencia no encontraba otra solución que atenderla en un centro de atención médica para adolescentes con discapacidad.

Ante la ausencia de una familia, desde Aldeas Infantiles SOS hemos acompañado a Grisel en los últimos años, hemos visto junto a ella la indiferencia de un sistema que constantemente le falla. Desde un entorno familiar sustituto, Grisel ha estudiado, ha recuperado su bienestar nutricional, ha desarrollado confianza en sí misma y también a generado rebeldía a un mundo que le ha fallado tantas veces. Por su condición médica ella debía estar en un centro de atención especializada, así lo dijeron los doctores y lo determinó un juzgado. Su familia de Aldeas Infantiles SOS con sus hermanos de corazón fueron la segunda familia que tuvo Grisel, y aún así no fue suficiente.

Después de tres días entre el rechazo, la incertidumbre, las trabas administrativas y la presión de la orden judicial, Grisel pudo ingresar al centro médico y ahora vive allí. En Aldeas Infantiles SOS estamos pendientes de que - aunque no haya sido con los brazos abiertos – en aquel centro médico se la reciba y atienda con la calidez que te trata una familia. Grisel, a su corta edad, ya pasó tantas veces por situaciones similares que esto no la destruye, ella sobrevive y se mantiene resistente; y nosotros seguimos con ella.

Lo cierto es que todo pudo haberse evitado. Si todos habrían apoyado a su familia antes del abandono, si desde el nacimiento se habría atendido oportunamente su condición de salud, si ante cada crisis se habría apoyado al núcleo familiar, si los centros de atención médica especial tendrían mayor fuerza administrativa, si la violencia nunca habría sucedido.perar más.